Alguien debería dedicarse a recoger los animales muertos de las autovías. Alguien debería recoger esos cuerpos desmembrados y despedirlos.
Alguien miraría hacia abajo y llevaría los cadáveres tibios, más allá de la cuneta, donde casi hay silencio. Donde casi hay silencio junto a los matorrales y los juncos, y a la brisa que los atraviesa.
Alguien miraría hacia ese olvido del mundo.En ese olvido del mundo donde casi hay silencio alguien se sentaría sobre un puñado de tierra árida. Alguien se sentaría y escucharía la vibración y el eco del otro lado del mundo.
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