viernes, 6 de diciembre de 2013

Se me fue la hora

Llevo tiempo sin sentarme aquí. Discúlpenme.
Es que me puse a bailar y se me fue la hora.
Yo notaba que mis palabras querían tirar de mí.
Me lo notaba en los tejidos que no tienen cuerpo.
Pero siempre me tiraban cuando andaba en el coche, o tenía deberes o me estaba yendo deprisa a cualquier otro lado.
Me tiraban las palabras a deshoras.
Y me estaba siendo infiel porque me decía que para qué escribir si no hay nada que decir.
Y era un poco de verdad.
Como también era verdad que no quería quedarme quieta por más de media hora estando despierta y en silencio.
Silencio del de escuchar y silencio del de leer o silencio del de mirar.
Ya saben lo que me digo.

Y hoy, hoy dormí a trozos.
Todos saben que cuando se duerme a trozos se le quedan a una los sueños atravesados por todo el armazón y debe ser cuidadosa entonces:
no moverse fuerte para que los sueños no se le claven mucho;
no moverse rápido para no confundirse demasiado de donde acaba lo que se sueña y lo que no.
Así se está de cuerpo ausente.
Así me estoy, ahora.
Me he recostado en el sillón y otra vez las palabras que me tiraban y me tiraban.
Y me decidí a venir otro ratito.
Pero nada más un ratito.
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Y ya.