jueves, 21 de agosto de 2014

Acento


Escribo con otro acento.
Escribo con otro acento para notar como otras latitudes pueden vivir dentro de mí, cómo soy más lugares que los que soy.

Si escribo con otro acento, soy otra y soy otro lugar.
Padezco y gozo como el espacio de ese acento.
Hago míos el ritmo acentual de sus palabras, que al final es el ritmo de sus días.

A veces escribo con el acento de la noche, que también es diferente y tiene otra cadencia.
No solemos mezclar esas ideas -las horas, los espacios, los acentos- pero todo va configurándonos.

Si hago que mis eses sean largas, me crecen faldones blancos y se me enciende el escote. Dejo de andar y hablo recostada.
Cuando las erres, me inundo del amargor de la cerveza.
Al hablar despacio, se me hace secreta la vida, y sucedo en los callejones que sólo existen al anochecer.

Me pongo otro acento y estiro de mi lengua para que me lleve.

Una vez cambié de acento y me cambié de sexo.
Otra vez, cambié de acento y me cambié de siglo.

Escribo con otro acento y noto el filamento del idioma, su tensión primera, el mundo descubierto en la palabra, los latidos, la cosa elemental.

Mi casa es una esfera con forma de universo.

jueves, 27 de febrero de 2014

Recuerdo


Le cuento de los recuerdos de las vidas no vividas. Le digo que a lo mejor sí sucedió. Que es un recuerdo, que tiene la densidad, la corporalidad de un recuerdo, y no de una ensoñación. Recuerdo mi vida en Nueva York. Recuerdo mi vida en Copenhague. También hay una casa de campo en un campo que no conozco y que está lejos de todo. También está México por las noches; esto lo recuerdo menos porque pasé varias semanas alimentándome de tequila. Estaba intentando estallar o estaba intentado no enamorarme. En Copenhague la luz era la misma que en la siesta de invierno, pero sonaba otra cosa. Pasaba muchas horas sola y en silencio. Hay luego una ciudad centroeuropea donde ha llovido y una pieza de música electrónica que me pinza los nervios pero que me quiere; camino por una calle húmeda. Estoy gris. Luego somos más los que caminamos por la calle húmeda que también es gris y empieza a anochecer. Ellos van dos pasos por delante; cuando se giran a mirarme, sonrío para que no se note lo húmedo o lo gris. Otras veces estoy aquí, sólo estoy aquí; noto que la ciudad pasa fuera y que este es un buen escondite. Y que yo soy un secreto. Me concentro en el sonido del reloj de la cocina.

miércoles, 22 de enero de 2014

Apunte a oscuras

[Dice que sabe cosas sin saber - Me creo que es cierto -  Todos tenemos certezas que no sabemos - y sabemos - Si tuviesen forma, pienso, - serían como un pequeño cuadrado de piel - suave e infantil para tocar - con la yema del dedo índice, - o a veces también con la yema del dedo corazón - Ese trozo de piel, - esa certeza que no deberías saber, - que no puedes nombrar - porque al no saberla, no tiene nombre, - es un secreto - Sí, es un secreto también - Supongo que en la oscuridad del dormitorio, - se duerme tocando esa piel anónima - que cuenta futuros - que están por nombrar y que ya sabe - Espera y después, duerme, o al revés.]

*Escucha aquí.

domingo, 19 de enero de 2014

Boom

Tengo necesidad de poner una bomba en este blog.
Tengo necesidad de poner una bomba en este blog.
Ya no me deja escribir este blog.
Este blog no tiene necesidad de mí.
Este blog tiene necesidad de mí, de la bomba de mí.
No me deja escribir este blog sin necesidades.
No me dejo escribir necesidades en este blog.
Necesito que el blog necesite.
Necesito que las bombas necesiten.
Tanto blog y tanta bomba y una necesidad tan mía.
Tanta mía necesidad en tanta bomba y un blog.
Un blog que necesita bombas.
Y unas bombas que necesitan blog.
¿Qué hago aquí?
Estallar.

[Escuchar: http://soundcloud.com/oliviamartinez80/boom/s-4SHca]

jueves, 2 de enero de 2014

Siete

Te voy a contar por qué madrugo, ¿quieres? Por qué estoy aquí, si podría estar en la cama hasta las dos de la tarde. Si podría pasarme el día entero en la cama, por qué estoy aquí a las seis y media. Por qué estoy aquí a las seis, por qué las siete es tarde. Empiezo. Te voy a contar por qué madrugo. Es por el ruido, ¿sabes? La luz del día, el movimiento de la vida, la luz del sol (se parece mucho a la del día), el movimiento de las personas y sus aparatos. Todo ese ruido, ahora, todavía, no ha sucedido. Esa es una razón fundamental. El ruido acontecerá dentro de dos horas.

Luego está lo otro. La silueta de los edificios que parece estar quemándose. El fuego es rojo, naranja y azul. Sí, el fuego también es azul. Lo veo todas las mañanas quemando los edificios, la silueta de los edificios. Como si no pasase, y todo ardiendo. Todas las mañanas ante mí, el fuego primero. (El fuego primero no es el dolor primero que te contara el otro día; se asemejan en lo elemental, pero son materiales distintos, contrarios. Creo.).

Sigo.

Y luego la otra razón. Todo el café amargo que no deje dulzor en la sangre. Es un protector del ánimo.

Podemos empezar.

(Escúchalo aquí).

viernes, 6 de diciembre de 2013

Se me fue la hora

Llevo tiempo sin sentarme aquí. Discúlpenme.
Es que me puse a bailar y se me fue la hora.
Yo notaba que mis palabras querían tirar de mí.
Me lo notaba en los tejidos que no tienen cuerpo.
Pero siempre me tiraban cuando andaba en el coche, o tenía deberes o me estaba yendo deprisa a cualquier otro lado.
Me tiraban las palabras a deshoras.
Y me estaba siendo infiel porque me decía que para qué escribir si no hay nada que decir.
Y era un poco de verdad.
Como también era verdad que no quería quedarme quieta por más de media hora estando despierta y en silencio.
Silencio del de escuchar y silencio del de leer o silencio del de mirar.
Ya saben lo que me digo.

Y hoy, hoy dormí a trozos.
Todos saben que cuando se duerme a trozos se le quedan a una los sueños atravesados por todo el armazón y debe ser cuidadosa entonces:
no moverse fuerte para que los sueños no se le claven mucho;
no moverse rápido para no confundirse demasiado de donde acaba lo que se sueña y lo que no.
Así se está de cuerpo ausente.
Así me estoy, ahora.
Me he recostado en el sillón y otra vez las palabras que me tiraban y me tiraban.
Y me decidí a venir otro ratito.
Pero nada más un ratito.
Y ya.