jueves, 21 de febrero de 2013

Duda

La profesora de latín envolvía los libros
en papeles de revistas y periódicos en blanco y negro.
Todos los días llegaba a clase acompañada
por uno o más ejemplares
donde portada y contraportada estaban ocultas,
cubiertas por letras impresas y
fotografías en negro y blanco.
No podíamos saber que había ahí
Si literaturas u otras literaturas o subliteraturas o algún código legislativo.

Si le preguntábamos por qué
envolvía los libros
en papeles de revistas y periódicos en blanco y negro
ella sonreía majestuosa
y cambiaba de tema.
Alguna vez nos dijo que lo hacía
para proteger los libros
pero su sonrisa nos decía que ese
no era el verdadero motivo
y nosotros seguíamos quedándonos con
la duda.

martes, 19 de febrero de 2013

... (2)

En ocasiones quedo paralizada. Veo como los demás hacen. Se mueven. Mueven mucho los brazos y la boca y los ojos. Abren y cierran la boca y los ojos. Dios. Cómo se mueven. Y yo estoy pensando. Pienso en que debería estar moviéndome. Debería estar haciendo. Algo de provecho. No lo hago mal, soy buena, tengo aciertos, llevo toda la vida aquí atrás. Yo podría estar ahí moviéndome. Moviendo la boca, haciendo todos esos gestos, todas esas muecas. Quedo paralizada. Sí. Es una parálisis que empieza en el portal de mi edificio, y se espesa a medida que abandono las inmediaciones de mi casa. A medida que entro en el escenario de los otros. En el foco. Aquí, fuera de foco, no hay parálisis. Las contenciones son sólo las correas de mis fantasmas, que deben ser del mismo espesor que las de cualquier otro. Pero ahí, salir ahí, a ese escenario, con esos focos y esos movimientos de brazos y de bocas y de ojos...

...

Escribo en libretas. En tres libretas. Una va conmigo en el bolso. Otra está en casa. La última en el coche. No siempre escribo de izquierda a derecha. No siempre escribo en la siguiente página en blanco. No hay ningún orden. Últimamente, todo queda en las libretas. No. En realidad, casi todo se queda antes de las libretas. En el embrión. En el soliloquio. Cuando estoy diciéndome lo que debería estar escribiendo. Cuando estoy contándome el mundo. Cuando estoy intentando enfocar.

Ahora también estoy intentando enfocar.

martes, 15 de enero de 2013

Post

I
Cada cierto tiempo vuelvo a teclear su nombre en el buscador. Llevo años encontrando los mismos resultados. Incluso me parece que han menguado. Incluso puede que nunca ocurriera.

II
Esto de los recuerdos es demasiado inconsistente. Se resbala. Se merma. Todo lo que ocurrió, no ocurrió demasiado. Es como esto de las palabras, que nunca llegan a acontecer plenamente. Que no llegan a desbordársete. O sí, pero te suenan a usadas y a estriadas.

III
Cada cierto tiempo vuelvo a teclear su nombre en el buscador. Ahí la tengo: toda la carestía; hacia atrás y hacia adelante. Es como si me resistiese a quitarme esa piedra dichosa de dentro del zapato.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Buzo (un relato)


El hombre de la escafandra tiene las manos grandes. Grandes y fuertes de limpiar los cascotes de los barcos. Los barcos y la fauna y la flora y los secretos de los territorios subacuáticos. “Es otro mundo, es el paisaje abisal”. Me dice algo así. “Todos terminamos un poco locos por la falta de oxígeno. Y todos somos un poco piratas”. Lo dice sin soltarme mi mano infinitesimal que se pierde en la suya.

Mientras recorríamos el planeta submarino, el bosque que queda en las inmediaciones y el paisaje montañoso, el suelo del dormitorio se ha llenado de algas y corales. Y a mí empieza a faltarme el aire. “Si salgo de aquí antes de que suba la marea, todavía podré alcanzar la orilla con facilidad”.

Así que suelto la mano de sal y de rocas del hombre de la escafandra y llego nadando a la tierra de los seres verticales. Desde alta mar se despide y su mano ahora no es más que un punto. Un segundo después, se deja tragar por las olas y las aguas saladas.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Disolución

Cada mañana
me extirpo de mí a mí.

Por eso voy dando tumbos.
¿Cómo no?

No sé quién seré
de aquí a dos meses.

Mis versiones precedentes
siguieron su rumbo.
No sé dónde paran,
qué habrá sido de ellas.

Me gusta pensar que todas
quedaremos obsoletas.