martes, 19 de febrero de 2013

...

Escribo en libretas. En tres libretas. Una va conmigo en el bolso. Otra está en casa. La última en el coche. No siempre escribo de izquierda a derecha. No siempre escribo en la siguiente página en blanco. No hay ningún orden. Últimamente, todo queda en las libretas. No. En realidad, casi todo se queda antes de las libretas. En el embrión. En el soliloquio. Cuando estoy diciéndome lo que debería estar escribiendo. Cuando estoy contándome el mundo. Cuando estoy intentando enfocar.

Ahora también estoy intentando enfocar.

martes, 15 de enero de 2013

Post

I
Cada cierto tiempo vuelvo a teclear su nombre en el buscador. Llevo años encontrando los mismos resultados. Incluso me parece que han menguado. Incluso puede que nunca ocurriera.

II
Esto de los recuerdos es demasiado inconsistente. Se resbala. Se merma. Todo lo que ocurrió, no ocurrió demasiado. Es como esto de las palabras, que nunca llegan a acontecer plenamente. Que no llegan a desbordársete. O sí, pero te suenan a usadas y a estriadas.

III
Cada cierto tiempo vuelvo a teclear su nombre en el buscador. Ahí la tengo: toda la carestía; hacia atrás y hacia adelante. Es como si me resistiese a quitarme esa piedra dichosa de dentro del zapato.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Buzo (un relato)


El hombre de la escafandra tiene las manos grandes. Grandes y fuertes de limpiar los cascotes de los barcos. Los barcos y la fauna y la flora y los secretos de los territorios subacuáticos. “Es otro mundo, es el paisaje abisal”. Me dice algo así. “Todos terminamos un poco locos por la falta de oxígeno. Y todos somos un poco piratas”. Lo dice sin soltarme mi mano infinitesimal que se pierde en la suya.

Mientras recorríamos el planeta submarino, el bosque que queda en las inmediaciones y el paisaje montañoso, el suelo del dormitorio se ha llenado de algas y corales. Y a mí empieza a faltarme el aire. “Si salgo de aquí antes de que suba la marea, todavía podré alcanzar la orilla con facilidad”.

Así que suelto la mano de sal y de rocas del hombre de la escafandra y llego nadando a la tierra de los seres verticales. Desde alta mar se despide y su mano ahora no es más que un punto. Un segundo después, se deja tragar por las olas y las aguas saladas.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Disolución

Cada mañana
me extirpo de mí a mí.

Por eso voy dando tumbos.
¿Cómo no?

No sé quién seré
de aquí a dos meses.

Mis versiones precedentes
siguieron su rumbo.
No sé dónde paran,
qué habrá sido de ellas.

Me gusta pensar que todas
quedaremos obsoletas.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Fuera

Estábamos en el dormitorio. Estaba oscureciendo.
Podían ser las siete de la tarde o podían ser las nueve,
o fuera,
quizá, tal vez,
el mundo había desaparecido.
Fumábamos desnudos dentro de la cama
y a mí me parecía que de tanto sentir,
se me iba a partir algo:
el corazón o los neurotransmisores
o cualquier forma de quietud
que me quedase.
De manera que le acariciaba la esquina del hombro,
las desembocaduras de los brazos,
el perfil del rostro que me daba,
haciendo que mis dedos fuesen
el sonido itinerante
que me concedía el lujo
de no romperme.

domingo, 28 de octubre de 2012

El loco


Este camino invertebrado tiene forma de pantano. Tiene forma de infinito. Camino y soy los matojos que me arañan, y camino y me crece encima el aroma de la periferia. Mi ciudad, mi casa, las afueras.

A veces me dejo caer sobre la tierra: soy la caja de resonancia de su latido. Me explica que las montañas son mujeres tendidas y encrespadas. Vaya, le digo. Y me reverbera dentro. Entonces caigo dormido, ya he hecho suficiente por hoy.

En otros a veces dibujo las líneas maestras de mi dormitorio sobre la tierra – todos esos ellos están tan lejos- y tengo una cama y tengo un pupitre y tengo una silla y un armario y un arcón. Es muy importante tener un arcón. En él guardo los tesoros: piedras triangulares, azulejos rotos. En mi dormitorio dibujado hay un espejo y una pila. Hago como si tuviese una rutina: me lavo los dientes, me lavo la cara, reflexiono sentado sobre la cama… son mis mejores formas de higiene.

Pero no, en otros a veces no, en otros a veces corro o hablo o escupo. Me siento en una ladera y miro de lejos el perfil de la ciudad y los restos que tienen las luces de los ellos. Se podría decir que están ardiendo. Se podría decir que también están fuera aunque estén dentro. Qué complicado. Respiro y vuelvo a dormirme. Ya he hecho suficiente por hoy. 

(Texto escrito para un proyecto de escritura ideado por Laura Boj www.taratela.com)