lunes, 6 de agosto de 2012

Esta es la mitad de la circunferencia

Estoy seca de verbo. El verano me estría la palabra. Sólo hago acopio de soles para cuando vengan los domingos de diciembre y enero. Y puede que febrero.

Mientras y ahora, cada dos o tres días, me abandono - siempre de noche- y las palabras vivifican los fuegos. Después dejo que se escapen, que caigan en la arena, que pierdan cualquier asidero.

Es toda una opereta del exceso y es un cuerpo orquestado para la desmesura. Y está bien. Es que, yo no tengo culpa -mis padres así lo procuraron- ni sé si la de ayer fui yo. Sí sé que tengo la palabra seca de agosto y que en las noches el habla se me escurre y quedamos las dos derramadas de liviandad y risas.  

sábado, 14 de julio de 2012

Los trozos


Adiós mamá.  Se cierra la puerta y el pasillo se extiende. No son horas de salir disparada por los aires, estás recién cosida de por dentro. Si fuerzas los movimientos, puede romperse algo. Puede llenarse de sangre, escandalosa, las bragas y el suelo.

Adiós mamá. Me voy a escurrir por la pared, si soy más agua que materia sólida, voy a buscar el suelo, pues no son horas de salir disparada por los aires. Pasan los segundos, pasan varios grados de luz y de sombras al otro lado de la ventana y las rejas.

Desde aquí bajo, mamá, adiós, todo es inconmensurable. Se me agotan las palabras, voy tan escasa siempre de verbos. Pero desde el suelo, desde esta bajeza, desde la herida íntima, que no veo, que sólo puedo intuir, puedo dejarme vencer. Ese un lujo, dejarse ver en plenitud las fracturas, decirse las carencias.

Mamá, me estoy diciendo sola las carencias, mientras me tumbo en el suelo y dejo que pase el polvo y la luz se disipe. Ocho de la tarde, verano, la tierra, la agonía de la tierra, yo desmembrada por dentro, recosida.

En realidad tengo pocos años, apenas llego a la decena. Todo lo demás es una arquitectura industrial que alguien inventó sin saber qué hacía. Lo sé. Yo jugaba en un sótano que se había inundado, donde olía como huelen los sótanos en que el agua ha estado contenida. Así olía el baúl de disfraces. Así olían mis muñecas y sus vestidos. Hoy, en este repositorio de silencios, madre, me dejo caer en la madera del suelo y soy la misma, madre, soy la misma, de hace veintidós años. Madre, es todo tan inconmensurable, madre, me siento tan la misma, pero tan hecha a los trozos. Tan hecha a los trozos, mamá.

lunes, 9 de julio de 2012

Constelaciones

Tengo este pulso negro de melancolía.
El doctor lo descubrió cuando buceaba en mis vísceras en busca de no recuerdo qué.
Quedé con todos los cortes repuntados en plata y la piel macilenta y superpuesta.
La piel abocada, cicatrizada toda; metros de cicatrices que llevan a la primera luz  o a las últimas contenciones de la noche.
El doctor dijo:
"Tú no tienes sangre, esto es un hormiguero de melancolías, casi que me trepaban por los brazos, casi que se me hacen a mí, como se hicieron a tu hígado o a tu intestino armado de negruras, chica".
Ya lamía yo mis laceraciones.
Ya lamía yo la arritmia de este pulso.
Ya salía, ya, y unía la línea de puntos de mis marcas para dibujar otra constelación.

miércoles, 27 de junio de 2012

Párvulos

 

pequeñas bolitas de barro / redondeadas por la presión de los dedos / perfeccionadas / con nuestra propia saliva / estábamos ahí / bajo los olmos y los chopos / acariciando la arcilla / redondeces de barro / tan bellas en su hacer /  tan correosas / nos asistía la hora del recreo / había gritos / había una vibración perenne / el ronronear de los otros / cuando el barro / y el sol que se atrevía / a secar nuestras pisadas / y nuestra obra esférica

miércoles, 6 de junio de 2012

Olvido

Alguien debería dedicarse a recoger los animales muertos de las autovías. Alguien debería recoger esos cuerpos desmembrados y despedirlos.

Alguien miraría hacia abajo y llevaría los cadáveres tibios, más allá de la cuneta, donde casi hay silencio. Donde casi hay silencio junto a los matorrales y los juncos, y a la brisa que los atraviesa.

Alguien miraría hacia ese olvido del mundo.En ese olvido del mundo donde casi hay silencio alguien se sentaría sobre un puñado de tierra árida. Alguien se sentaría y escucharía la vibración y el eco del otro lado del mundo.

domingo, 20 de mayo de 2012

Ascendiente

En la cumbre de la colina, las aves arden ascendientes, empujadas por la luz, con la noche por techo. Está pasando eso. Está pasando el viento caliente, el viento en la pinada, entre los ramajes, como soterrado y violento. Está pasando todo. Está pasando todo. La noche y el viento y el mediodía y la buganvilla y esta cierta forma de calor.

Esta cierta forma de calor. El viento. Empiezo a despertenecerme. Estoy fuera de ellos, fuera de mí primero. Es un exceso primitivo éste, cuando dejas tu piel y dejas el mundo, y ni siquiera te resistes. Está pasando todo y dejas que caiga sobre ti esa lluvia de aves que arden en las luces de la noche.

Por un momento, en esa ausencia - antes del cuerpo - eres tú quien arde ascendiente en la cumbre de la noche.