domingo, 20 de mayo de 2012

Ascendiente

En la cumbre de la colina, las aves arden ascendientes, empujadas por la luz, con la noche por techo. Está pasando eso. Está pasando el viento caliente, el viento en la pinada, entre los ramajes, como soterrado y violento. Está pasando todo. Está pasando todo. La noche y el viento y el mediodía y la buganvilla y esta cierta forma de calor.

Esta cierta forma de calor. El viento. Empiezo a despertenecerme. Estoy fuera de ellos, fuera de mí primero. Es un exceso primitivo éste, cuando dejas tu piel y dejas el mundo, y ni siquiera te resistes. Está pasando todo y dejas que caiga sobre ti esa lluvia de aves que arden en las luces de la noche.

Por un momento, en esa ausencia - antes del cuerpo - eres tú quien arde ascendiente en la cumbre de la noche.

sábado, 14 de abril de 2012

inefable

navego por lo inefable sin extremidades sin márgenes

no puedo nombrar no puedo decir más que desordenadamente más que una melodía orgánica el agua cayendo desde una jarra de vidrio las nubes cercenadas una lluvia que puebla aquel dormitorio

el verano se estaba agotando se notaba en la luz pareciera que con él se agotaran todos los veranos  recorrimos las grietas cercanas a la costa con la voz titubeante como si nos hubiesen cauterizado las heridas del bajo vientre recorríamos a ciegas el acto geográfico en que la tierra se parte

hallamos vida en las siestas de los otros en la callejuelas alumbradas en las cuevas marinas todos los espacios estaban mudos rumiaban mudos lo sé porque se me secó otra vez el animal herido el animal enfermo que escribe que escribe y me devora

nos ganó lo inefable siempre gana a ella siempre tiene la carta que le permite amordazarte que le permite hacerte rogar la carta del pavor y del abismo

allí en el suelo con las grietas y la tierra que nos acunaban comprendimos la pérdida

lunes, 2 de abril de 2012

Un cajón

Nadie conoce este cajón de pétalos y lágrimas. Nadie sabe bien cuan profundo se adentran sus raíces medradas. No se conoce su dimensión de noche y carestía, tan oculto, tan disimulado con sus nieblas.

Este cajón se agrieta por los cantos y las aguas deforman sus tablones y astillas.

Se escucha el musitar de la madera. Su crepitar, su eco. El mundo es un reflejo en este cuarto trasero.

Una noche la oquedad de este cajón secreto quiso contarnos qué fue antes de ser la nada, entonces, los huracanes dilataron los huecos de los huecos. Después volvió el silencio y el ensimismamiento del encierro.

Un día, todos lo saben, el moho hará palidecer todas las lunas. Hará palidecer todas las lunas el moho de este cajón dormido.

lunes, 19 de marzo de 2012

Voy a amasar estas palabras viejas. Haré un pastel esdrújulo, hemisferio de la concupiscencia, fresas como labios.

El sol se está templando y los verbos estos, estos que me acompañan desde allá atrás (¿los diez, los doce?) están manoseados, y voy a sacarlos al terraplén a que respiren. Quizá con esa brisa, con el olor de mimosa inminente, vuelva a quererlos. O vuelva, solamente vuelva. Así, conmovida, que el verbo sea un organismo trepador, que me voltee. Me dejé las alas una noche en un bar, y cuando llamé, se habían convertido en un efluvio. Es decir, que ahora tengo este cajón de palabras toqueteadas, con restos y huellas y manchas, y en vez de alas tengo un efluvio que no logro saber a dónde lleva. Claro que puedo caer por el río, puedo ser un canto rodado, hermoso y liso, mecido en una orilla. Tal vez en un octubre ocurra, pero ahora estoy en este desequilibrio verbal, que alimento y a veces me deja sin sombra y sin alas, ya lo he dicho, lo de las alas ya lo he dicho. El sol se está templando, esto también lo he dicho, saco estos verbos a voltear con la lavanda. Están tan usados y sin embargo, ahí, expuestos con esa luz medio apagada, me apetece acariciar sus esquinas, sus espinas, mi espinazo de verbo usado, merma solar, un puñado de plumas que quedaron en el suelo del cuarto de baño.

lunes, 12 de marzo de 2012

La estrangulación

Estoy aquí. Con esos graves, con esas circunferencias que dejas suspendidas, con ese susurro.

Yo digo: me falta el aire, estoy contenida, estoy suspendida - como esas circunferencias que dejas tú en el aire suspendidas o  el humo-. Tengo todo el pecho apretado por un corsé de cristal y plata. Soy una ninfa marina que se está ahogando. Nunca he sabido respirar.
Estoy contenida en el aire, suspendida en medio del éxtasis. Este placer y su vuelo raso, tanto vapor.

Como en un limbo, como en esta pieza de música que vibra contenida, grave, como mi pecho de cristal y asfixia. Este gozo tiene el oxígeno dosificado.

El esternón. Tú tienes que ir allí y abrir un vendaval, dejarme una corriente de viento circular, esas melodías que son como un murmullo, sobre mi pecho, tú, respirándome. Puedes ahogarte conmigo.

Dejo que suene la vibración, la cuerda, como un jadeo, como un soplo estrangulado.
Y estoy aquí, en el aliento. Las corrientes de aire, los pasadizos, el deleite.



miércoles, 29 de febrero de 2012

La cuneta

Voy al acecho de mí por este desierto - los pasos - el crepitar de arbustos - la alborada nublada

Languidez. Languidez y fiereza.

La cuneta ya no es una salida: todo el cielo cabe en un cajón muy chico. Este aliento es un aleteo de aves en extinción.

El matorral violáceo, la montaña sin forma; me crecen en los bajos el tacto de las fieras.

El humor negro se sanaba con sanguijuelas: ahí tienen mi pecho, abierto, pétalos de almendros, esperando su lengua de páramo.